martes, 23 de diciembre de 2008

La última travesura de Sebreli

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Se le anima a cualquiera. Y en contra de cualquiera. Me imagino la polvareda que debe estar levantando el último trabajo publicado por y de Juan José Sebreli: Comediantes y Mártires, Ensayo contra los Mitos.


Lúcido y filoso, parece como que en estos tiempos Sebreli quiere entretenerse y hasta divertirse (si éste fuera el término apropiado) más que de costumbre. Su autobiografía
El Tiempo de una Vida así lo reveló hace tres años cuando con un gran desparapajo desnudó detalles de su vida personal e íntima que escandalizaron a muchos. Ahora toma el caso de los cuatro grandes mitos argentinos y prácticamente los destroza (para el acerbo popular, claro)

Refiriéndose a Gardel, Evita, el Che Guevara y Maradona ya de entrada nomás, dice textualmente:
Los cuatro personajes eran igualmente narcisistas ,egotistas, egocéntricos rayanos en la egomanía.
Y así, de ese mismo tenor, es el tono que impera en todo el trabajo, que una vez más, destaca a Sebreli como uno de los más claros pensadores argentinos.


Decidido a patear todos los tableros y a contramano de lo que quizá le convendría para la simpatía hacia su imagen, deschava actitudes mezquinas e interesadas, actitudes que quizá hasta nuestros días nadie se había atrevido a poner en duda. No es el caso de Evita, personaje por el cual Sebreli nunca sintió mucha simpatía
-aunque en algún momento la reivindicó- y contra quien se ha expresado en muchas oportunidades. O Maradona, más cercano en el tiempo, a quien ya se le pasó el cuarto de hora para morirse con gloria (léase joven) y de quien supone la gente está bastante escarmentada.


Pero sí se arriesga a dudar de la virilidad y actitud abierta a todos plena de simpatía que han sido una marca de fábrica del Morocho del Abasto, por ejemplo, o del criterio del Che para emprender su lucha armada libertaria y expurgada de todo interés personal.


Del primero dice:
“ El silencio con el que Gardel manejó su vida íntima dio pie a todas las interpretaciones. Don Juan, Casanova, gigoló, proxeneta, latin lover, misógino, indiferente, frígido, homosexual reprimido, bisexual, narcisista, edípico incurable, o todo a la vez; nunca se sabrá”


De Guevara:
“Le repugnaba corromperse en impuras transacciones políticas, aunque no le temblaba la mano con el fusil. No quería ensuciarse las manos, pero no le importaba mancharse de sangre”

Sebreli siempre ha querido ser desencasillado y le pese o no, lo consigue.
En fin, una auténtica cachetada - para aquellos incautos que todo se lo tragan - este libro bien vale la pena que se lo tenga en cuenta. Aunque usted no esté de acuerdo con los conceptos que allí se vierten. Pruebe.
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jueves, 27 de noviembre de 2008

Bye Bye Berlín (Segunda parte)

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Mi relato ahora se centra puntualmente en los lugares que visité y que pertenecieron al dominio nazi durante esos fatídicos años.


Ravensbrück fue un campo donde se alojaron solamente mujeres, desde donde se las sacaba para servir de prostitutas en otros (Mauthausen, Auschwitz,etc) y además se practicaban en ellas los más horripilantes experimentos “médicos”.
Al respecto la Dra Insa Eschebach, directora del Memorial de ese lugar, dice que “el tema de la prostitución en los campos de concentración recién se está dando a conocer al mundo en los últimos tiempos. Las propias protagonistas que sobrevivieron no hablaban del tema. Y los historiadores tuvieron hasta ahora cierta reticencia a profundizarlo. Es como que Holocausto y sexo no pueden ir juntos”


Sachsenhausen (situado a unos 50 kilómetros de Berlín) fue uno de los primeros campos de concentración donde se alojaban prisioneros políticos, homosexuales, gitanos y todo lo que no le venía bien al régimen. Además de judíos, naturalmente. Con intención de tener mano de obra esclava con el tiempo también se transformó en un lugar de exterminio. Allí se calcula que murieron 100.000 personas.

En ambos lugares tuve idéntica emoción: la sensación de que millares de espectros rondan al visitante lamentando unas vidas – si a eso se le puede llamar vidas – y unas muertes horrorosas y el inevitable sentimiento de culpa que se tiene por el mero hecho de no haber vivido aquello…


Wannsee es un lugar paradisíaco ubicado al noroeste de Berlín, en medio de bosques maravillosos, en uno de cuyos palacetes se decidió el 20 de enero de 1942 la llamada “solución final”…Una decena de personajes, comandados por el sanguinario Reinhard Heydrich –asesinado poco después en Polonia– y el eficaz burócrata Adolf Eichmann, ahorcado en Jerusalén luego de haber sido capturado en Argentina en la década del 60, fueron los anfitriones de tamaña reunión. Ningunos de los capos mayores (Hitler, Himmler, Bormann, Göring) estuvieron presentes. El horroroso destino de millones de personas quedó sellado ese día.(Para mayor ilustración de la ligereza con que se tomó el tema, vale la pena tener en cuenta el filme La Conspiración con Kenneth Brannagh y Stanley Tucci, reiterado de tanto en tanto en algún canal televisivo).


Debo admitir que todos estos monumentos históricos son mantenidos de la mejor manera por el gobierno alemán (algo que recién comenzó a hacerse en años recientes) donde todo está muy señalizado y prolijo para que el visitante encuentre los datos necesarios. Confieso que tanta pulcritud me chocó un poco y que dada la proliferación de shoppings en todas partes y los souvenirs que los alemanes venden por todos lados, no sería extraño encontarse con algo parecido allí dentro de algunos años. Por ahora sólo se venden libros…


Finalmente la emoción más grande y más contenida – ya se verá por qué- fue asistir a la inauguración de la muestra Verraten und Verkauft, que promocinada por varias asociaciones se hizo en la Humboldt Universität. Allí la conocí a Hilde Schramm, también socióloga y la hija menor de Albert Speer. Dedicada a esa suerte de mea culpa colectivo que advertí en las clases cultas alemanas, el grupo al cual pertenece se dedica a promover las artes y ciencias de las mujeres judías que viven en ese país. Pero más allá del saludo cortés, nada se puede hablar con ella del pasado de su padre. Opina que ya ha dicho todo lo que tuvo que decir…Mi espíritu periodístico quedó hecho trizas, por supuesto. Me consolé cuando volví a Argentina y me lancé al libro Albert Speer: el arquitecto de Hitler: su lucha con la verdad. Su autora, Gitta Sereny contó con el apoyo de Hilde para escribir su monumental obra. Y en alguna de las fotografías que la ilustran, se la ve de muy niñita, con trencitas rubias, de la mano del Führer…


Cuando me dirigía al aeropuerto de Tegel para emprender el regreso bebí con fruición la atmósfera berlinesa, incomparable a ninguna otra, y con sentimientos encontrados pensaba: Bye, bye, Berlín.
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lunes, 24 de noviembre de 2008

Bye Bye Berlín (Primera parte)

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Si, hace más de dos meses que no publico en este blog. Sucede que en mitad de octubre viajé a Berlín y estuve fuera un par de semanas. Al regreso me he dado tiempo para procesar parte de todo lo que viví porque fue una experiencia muy fuerte (palabra en uso aunque preferiría decir algo así como tocante o movilizador).


Mi propósito de este viaje no fue el mero turismo. Y si bien había estado en esa ciudad años atrás y sabía de los cambios realizados y ocurridos tras la caída del Muro, mi intención era muy distinta a la que me llevó allí en aquella oportunidad. Necesitaba por cuestiones profesionales vivir in situ algunos lugares que fueron claves en el momento de la Alemania nazi.


Y allí me lancé. Acompañada de una amiga alemana (además socióloga) que reside en esa ciudad hace más de 40 años, ella supo entender mis inquietudes. Siempre afirmo que tener una mano amiga en un lugar facilita enormemente la tarea lo que significa ahorro de tiempo y de dinero… En verdad, lejos de aquí –y sobre todo en Europa– el tiempo es oro…


De esa manera y en tiempo récord visité dos campos de concentración; hice un recorrido por los bosques de Grunewald, donde está ubicada la célebre mansión de la Conferencia de Wannsee; y estuve en la Humboldt Universität en la inauguración de una muestra llamada “Verraten und Verkauft” donde conocí a la hija de Albert Speer.


También hice turismo, no lo niego y Leipzig y Praga estuvieron en mi itinerario. Y la asistencia a la Deutsche Oper para disfrutar al maravilloso Vladimir Malakov y la visita a alguno que otro museo y la Puerta de Branderburgo y al restaurado Hotel Adlon como era en los 20; al Reichstag (incendiado en 1933 y reconstruído a nuevo) y al lugar donde antes se alzaba la cancillería pergeñada por Albert Speer y el búnker donde se mató Hitler- destruídos por los soviéticos luego de la derrota de Alemania– y que ahora pasan inadvertidos (hace poco se inauguró un cartel señalando el lugar) habiéndose construído allí edificios de departamentos y el Memorial a las Víctimas del Holocausto.


Pero voy a ir por partes pues seguramente no se entienda adónde quiero llegar. Estudio el fenómeno nazi desde hace más de veinte años pero, en vistas a un futuro trabajo literario, necesité estar en algunos de los lugares donde las aberraciones se llevaron a cabo. Y vaya que mi propósito se cumplió. Pero dejo las especificaciones de este tema para la siguiente nota.
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viernes, 19 de septiembre de 2008

Mamma mía!

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Desde hace tres décadas la vemos derrochar talento siendo siempre la número uno. Y sin embargo, no necesita del glamour ni de los escándalos. Su vida personal transcurre desde hace mucha décadas al lado del mismo hombre del cual poco se sabe. En realidad nunca menciona nada de su privacidad y es casi un enigma. Sólo trabaja y lo hace de manera soberbia. Sí, por supuesto, se llama Meryl Streep


Desde aquella jovencísima Julia (1977) y su consagración un año después en El Francotirador, mucho tiempo ha transcurrido. Llegó el Oscar con Kramer vs Kramer (1979); el arrobo del público con La Amante del Teniente Francés (1981); otro Oscar por su magnífica interpretación en La Decisión de Sofía (1982); la gloria con Africa Mía (1985).


Algunos años intermedios de roles menos refulgentes y nuevamente el deslumbramiento con Los Puentes de Madison (1995). En el ínterín, roles menos fulgurantes –pero no menos importantes– como en Silkwood (1983), Reencuentro (1996) o El Embajador del Miedo (2004), intercalados por maravilas como Las Horas (2002). Y no abandonando la costumbre de ser nominada, una y otra vez, a candidata al premio de la Academia como mejor actriz.


Hasta que, dos años atrás, de nuevo el estrellato interpretando a una soberbia, glamorosa anche humana Miranda Priestley en El Diablo Viste a la Moda (otra candidatura).
Y en este 2008 arremete con su toque mágico de gran señora de la escena con su trabajo en Mamma Mía!

Pocas veces (quizá Bette Davis, las dos Hepburn o Sophia Loren puedan servir de comparación) una actriz se ha mostado tan carismática y versátil. Streep canta, baila, juega, seduce y encanta. Siempre bien. Siempre maravillosa. Jamás se ha podido decir de ella que no ha estado acertada en su caracterización, en su interpretación. Su mirada pensativa y un cierto mohín de sus labios son su marca registrada. Y sin ser linda, es hermosa.


Hay un momento en esta última actuación, cuando en el sendero que sube a la capilla se detiene junto al personaje que interpreta Pierce Brosnan e interpreta “The winner takes it all” (bella melodía de ABBA) en que el espectador se da cuenta que, de tan romántica, la escena podría caer en lo cursi y lo melodramático. Pero no: ella se planta frente a cámara, se lo cree y saca recursos y matices inesperados salvando al personaje de manera ejemplar. Sólo una gran actriz puede llegar a hacer tal cosa. Y el espectador sale del cine con la íntima convicción de que al título del filme -más allá de otras referencias– se lo merece ELLA y sólo ELLA.


Clint Eastwood ha dicho que es la actriz más luminosa que ha conocido. De Niro, que no hay actor o director que no quiera trabajar con ella.
Razón no les falta.
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martes, 9 de septiembre de 2008

Supernova

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Talento? Encanto? Carisma? Providencia? Suerte? Todo éso y muchos más factores conjugados hacen que, a veces, seres desconocidos hasta ese momento provoquen a su alrededor un estallido, un big bang -a su manera- y se ubiquen, allá, muy alto en el firmamento y desde ese instante pasan a ser astros refulgentes.


Anoche, lunes 8 de septiembre, los cordobeses que asistimos a la muy bella ex Capilla del Buen Pastor, fuimos partícipes de uno de esos acontecimientos que se inscriben en la memoria como inolvidables. En el marco del ciclo cultural de La Voz del Interior, se presentó el muy joven tenor Pablo Karaman.


Oriundo de la cercana localidad de Saldán, hace alrededor de cuatro años, luego de haber hecho sus estudios musicales entre nosotros y habiendo pasado por el Colón, tomó la gran decisión y cruzó el charco. Como él mismo dice, luego de la etapa inicial de cuasi turista, la realidad comenzó a imponérsele y no hubo tarea chica que no hiciera para sobrevivir y seguirse pagando su perfeccionamiento. Allá comenzó una carrera de la que ya han llegado murmullos hasta estos lares. A la larga y de manera casi mágica, todos esos factores se agrupan y estallan. Estallan ante los ojos y oídos arrobados de un público que, a partir de ese momento, le es incondicional.


El recital que dió Pablo marca un antes y un después en su carrera, no hay dudas. Como asimismo marca un hito en la lírica cordobesa. A sus jóvenes 30 años ni él mismo podía creer la comunión que estaba viviendo con los que allí estábamos. En verdad no hacen falta explicaciones. Sencillamente y por esas cosas del destino una nueva estrella había nacido.


Pablo Karaman integra la pléyade de seres privilegiados que reúnen dosis de audacia, inconsciencia (maravillosa, por cierto), autoconvencimiento y esfuerzo, mucho esfuerzo.
A partir de ahora un largo, maravilloso y a veces doloroso camino se abre ante sus pies. Pero no creo equivocarme cuando afirmo que anoche asistimos a una revelación.
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domingo, 7 de septiembre de 2008

Hostias!

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Vaya! Qué bien que lo dice el tío! Su gracejo y su verba son tan sonoras que es como tenerlo al lado hablándole a nuestro oído, mientras con estupor, casi, comprobamos que las mismas habas se cuecen en todas partes…! Pero vayamos por partes.


El pasado sábado 30 de agosto ADNcultura –suplemento dedicado a las artes y al pensamiento del diario La Nación- cumplió un año de gloriosa vida. El número aniversario reunió a un grupo de los mayores autores argentinos y extranjeros que contribuyeron con un texto cada uno. Entre ellos estuvo el ya nombrado en estas páginas (véase: Ay, Arturo!- 26 / 5/ 08) don Arturo Pérez-Reverte. Una de las plumas españolas más fecundas y bestselleristas de los últimos años. En la tal nota, titulada Putimadrid la Nuit, el cartagenero trata el tema de la vida nocturna en pleno centro de la capital española, donde la oferta venal es, evidentemente, multiforme y abigarrada.


Refiriéndose al tema, entre otras, dice Don Arturo: “En Madrid quien desee irse de putas las encuentra con facilidad en el centro mismo, a cualquier hora.[…] Y la verdad, queda feo. Cada cosa es cada cosa”. Tras hacer un recorrido por los lugares de origen de las señoras en cuestión, sigue diciendo el papá de Alatriste:


“No tengo nada contra las lumis, ojo. Alguien tiene que parir a ciertos políticos de los que mojan en nuestras diecisiete salsas y nos animan el telediario. Lo que pasa es que, a veces, la situación puede ser incómoda. La otra noche paseaba, después de cenar, con unos amigos guiris camino de su hotel en la Gran Vía. Y subiendo de la puerta del Sol junto a los cines de la calle principal del centro de Madrid, entre la basura y suciedad acumulada por todas partes, pasamos revista a un variopinto surtido puteril -todo de importación- comparado con el cual, aquellas busconas nacionales de antaño, tan arregladas ellas, con su bolso y su cigarrillo en los labios fríos como la Lirio, apoyadas en el quicio de la mancebía, parecían condesas de Romanones, o por ahí. Las señoras que venían en el grupo de mis amigos, que al principio miraban el paisaje entre curiosas y sorprendidas, terminaron por acojonarse, sobre todo a causa del ganado masculino que circulaba cerca, incluidos los fulanos que se empeñaban en darnos a todos tarjetitas sobre pornotiendas y puticlubs ad hoc situados, supongo, en las cercanías.
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El caso es que, a medio paseo, una de las guiris, Sylvie, que es gabacha, me preguntó: "¿Siempre es esto así, tan elegante?". Y no tuve más remedio que confirmarle que sí, y que no sólo de noche. Que también de día, la vieja prostitución antes limitada a la cercana calle de la Ballesta hace tiempo desbordó los límites para desparramarse por las cercanías de la puerta del Sol, sin que el Ayuntamiento pueda o quiera impedirlo, aunque a los vecinos y comerciantes se los llevan los diablos. "¿Y no hay normas que regulen esto?", preguntó Sylvie, toda ingenua. Entonces tuve que emplear unos diez minutos de paseo -a razón de una puta presente cada quince segundos- para explicarle que esto es España, niña. La democracia más avanzada y puntera de Europa. ¿Lo captas? El pasmo del mundo y de Triana, o sea. ¿Nunca oíste hablar de la Alianza de Putilizaciones? Cualquiera que estorbe a una extranjera, por ejemplo, el libre ejercicio de su chichi en donde les apetezca a ella y a su chulo es un xenófobo y un fascista. Es algo parecido -añadí- a lo de aquel mendigo español que antes tuvimos que esquivar porque estaba tirado en el suelo, cortándonos el paso en la acera. Si un guardia le pide que circule, la gente increpará al guardia, y con razón, por abuso de autoridad. Y lo mismo hasta le dan de hostias. Al guardia.
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Después de escuchar aquello, Sylvie no volvió a abrir la boca. Yo adivinaba sus pensamientos: una ciudad donde nadie puede controlar el lugar donde cualquiera campa por sus respetos es una auténtica mierda; pero cada cual tiene las ciudades que se merece. Advertí que eso era lo que estaba pensando. Aunque, por suerte, no lo dijo. Sylvie es una chica educada. Me habría puesto en un compromiso.”


Hasta aquí, parte de esta desopilante narración, que no he dudado en reproducir casi en su totalidad. Tanto me ha divertido su lectura mientras me despanzurro de la risa. El escritor se está refiriendo a la capital – y a la gente que la habita - de unos de los países del Primer Mundo que más se precian de serlo. En verdad, y pensándolo bien, no somos tan diferentes los de aquí a los de allá. En tanto, silbando bajito, me digo : Casas más, casas menos, igualito a…

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viernes, 22 de agosto de 2008

Cuando el diablo mete la cola...

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Por supuesto, los que hemos visto el último filme de Woody Allen presentado entre nosotros (El Sueño de Casandra) y ahora asistimos al estreno de Antes que el Diablo Sepa que has Muerto de Sydney Lumet, nos preguntamos quién se inspiró en quién, tan similares son sus tramas. Pero admitamos que no hay nada nuevo bajo el sol y que todo trabajo artístico es, en definitiva, una variación sobre un tema que ya antes ha sido tratado. O no?


Pero no nos detengamos en minucias. Siempre he dicho que no interesa el qué sino el cómo.
Y esto es lo que en definitiva lleva al filme de Lumet un poco más lejos que el de Allen.
Mientras Casandra… destapa –verborrágicamente, por otra parte, como le gusta al sicoanalizado Allen– y revuelve los conflictos de los dos burgueses protagonistas ante tamaña salida a sus angustias (matar a alguien por encargo para cobrar un dinero), el filme de Lumet refleja impiadosamente los motivos por los cuales los protagonistas de su película, llegan a su trabajo (que, hay que dejarlo claro, en ningún momento considera la posibilidad de cometer un crimen) ¿Por qué? Bueno, para saberlo hay que ver la película…


Ambas situaciones se desencadenan ante la frustración de los personajes por carecer del dinero necesario para hacer frente a sus gastos (y a sus gustos); gastos provocados por el consumismo despiadado que se vive a nivel mundial y por la alteración de los valores ahora existentes. Pero Casandra… no muestra en demasía el conflicto social (cosa que a Allen nunca le interesó mayormente). Por el contrario, el filme de Lumet, con una cuantas sugerencias y sin tanta verba, destapa el destino trágico de seres inmersos en grandes ciudades intentando tener para poder ser.


Es patético observar cómo el rotundo y decidido Andy (un soberbio P.S. Hoffman) intenta alcanzar el bienestar económico para “comprar” un poco de felicidad junto a la mujer que ama. Pero ese desenfrenada carrera hacia el éxito tiene un doloroso precio: Andy necesita sesiones semanales de drogas duras que le provee un siniestro personaje… Mientras tanto, está estafando a la empresa que lo tiene contratado. Sus maniobras tienen los minutos contados: está en un callejón sin salida. Supone que le queda un último recurso.


Simultáneamente Hank, el hermano menor, está separado y se las rebusca como puede; su ex mujer lo presiona con las cuotas alimentarias; su hija lo desprecia cuando no puede pagarle el viaje a Manhattan para asistir a una representación de El Rey León junto al grupo escolar. Y además, está perdidamente enamorado de la mujer de Andy a la que intenta conquistar… A estas alturas, la tragedia está servida.


Dos grandes producciones cinematográficas. Con el agregado de que, al tema de la culpa personal -ya tratado por W A en otros filmes (Crímenes y pecados, Matchpoint)– se agrega el de los motivos que llevan al hombre ¿de estos tiempos? a codiciar lo que no tiene. Lumet, viejo constructor de grandes filmes con mensaje social: El Precio del Poder; Sérpico; Tarde de Perros; Poder que Mata, etcétera, lo entiende muy bien.
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